Grave crisis en Irán, electoral y de legitimación del régimen

Por Guillermo Pulido Pulido.

En Irán se acaban de celebrar elecciones para elegir el Majlis (parlamento) y a la mitad de la Asamblea de Expertos de Irán. Son unas elecciones clave que están enmarcadas por la confrontación de la República Islámica con los EE.UU., que indujo a una grave crisis política interna que a su vez ha puesto en entredicho la misma legitimidad del régimen.

El contexto de las elecciones

El fuerte conflicto con los EE.UU. indujo a que las presentes elecciones parlamentarias iraníes (que se han saldado con una gran victoria conservadora) estuviesen marcadas por el fracaso del proyecto que el presidente Rohaní (un reformista) tenía para Irán.

Las políticas de Rohaní y la presión internacional también han inducido a una fuerte reacción y reafirmación de las facciones más conservadoras y de línea dura del régimen.

Debe recordarse que Rohaní ganó las elecciones presidenciales iraníes en 2013, con un proyecto que pretendía 1) mejorar las relaciones con Occidente (firmar un Acuerdo Nuclear), 2) para así suavizar las sanciones económicas, 3) comenzar un proceso de modernización y reforma económica (liberalizándola), 4) al tiempo que pretendía pactar con los sectores conservadores (principalistas) más proclives a la liberalización económica.

El Acuerdo Nuclear de 2015 (JCPOA) allanó el camino de los planes de Rohaní, consiguiendo los reformistas ganar las elecciones parlamentarias de 2016, y conformar un gobierno que aunaba tanto a reformistas como conservadores. Todo parecía ir bien y en 2017 Rohaní volvió a ganar las elecciones presidenciales.

Sin embargo, la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. en 2017 y la posterior política de máxima presión, que consiste en rechazar el Acuerdo Nuclear de 2015 e imponer durísimas sanciones económicas, dieron al traste con las promesas del proyecto de Rohaní.

Además, los intentos de liberalización económica causaron graves disturbios sociales durante 2017 y 2018, y a punto estuvo de generar una grave crisis bancaria. Los efectos de la liberalización comenzaron a poner en contra de Rohaní (un reformista económicamente de derechas) a la base social de los reformistas de izquierda, resquebrajando en consecuencia la facción reformista.

Para colmo, la liberalización económica puso en contra a los conservadores más próximos a la línea dura y los Guardias Revolucionarios, que suelen ser tener una perspectiva socioeconómica más de izquierdas y promulgan la «economía de la resistencia» (autarquía, control de los Guardias y el gobierno de sectores importantes de la economía, etc).

El fracaso de intentar suavizar las relaciones con Occidente también ha conseguido poner en su contra no solo a la izquierda conservadora y principalista, sino que también le ha desacreditado entre los principalistas más de derechas con los que intentó pactar en 2016.

En añadidura, a fines de 2019, el gobierno tuvo que aplicar medidas de ajuste económico (consecuencia de las sanciones norteamericanas), retirando muchos subsidios, lo que provocó muy graves revueltas que se temió pudieran derrocar al régimen. Esas revueltas además tuvieron base social de entre sus votantes reformistas.

Por lo tanto, los principalistas ven en Roahní y esos sectores reformistas un peligro para la seguridad nacional, ya que el endurecimiento de las sanciones es visto como derivado de la muestra de debilidad que implicó el Acuerdo Nuclear de 2015.

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No hay que olvidar que las sanciones de Obama indujeron a las graves revueltas de la «crisis del pollo» de 2012, dando la impresión que la solución era pactar con Obama y aliviar la presión.

Es en ese contexto en el que Rohaní ganó las elecciones presidenciales en 2013, con la intención de acabar con dichas sanciones y ceder en algunos aspectos del programa nuclear. Con el alivio de las sanciones se comenzaría a modernizar y liberalizar la economía, así como a una mayor liberalización en la política interna del régimen pero sin derrocarlo.

Pero si entonces los sectores conservadores y parte de la línea dura iraní creían que había que dar una oportunidad a esa estrategia, ahora interpreta que esas concesiones fueron vista en EE.UU. como una muestra de debilidad que indujeron a la actual campaña de sanciones y presiones, que es aún más dura que la de Obama.

Por otra parte, entre las facciones reformistas, como las promesas de reforma y liberalización política y social que parecía venir con Rohaní no se han materializado, sino que ha provocado olas represivas aún más duras que las de años anteriores, ha cundido un gran desconcierto y desánimo.

Además, como decíamos anteriormente, las medidas de ajuste y liberalización económica, también provoca un desconcierto aún mayor entra la población que no quiere un régimen teocrático pero que necesita de subsidios y ayudas económicas.

El resultado general, es que el bando reformista se ha cansado de unas eternas promesas de reforma que no llegan, además de quedar divido en cuestiones económicas. Mientra que los principalistas o conservadores, ante las graves amenazas al régimen tanto externas como internas, se reafirman y tratan de volver a la línea dura.

Todo esto provocó hartazgo y desmovilización entre amplios sectores de la población iraní (cercanos a los reformistas), como se demostró en la escasa participación de elecciones locales en 2019.

Así las cosas, los principalistas comenzaron a maniobrar para que en las elecciones parlamenterias de 2020 muchos de los candidatos reformistas fueran vetados (impidiendo su participación), y asegurarse de ese modo una gran victoria electoral, con la que apuntalar al régimen iraní frente a la creciente ola de hastío que durante 2019 se palpaba entre la población.

No hay que olvidar que los principalistas ven en la campaña de máxima presión, y las revueltas que generan las sanciones, como una estrategia por la que EE.UU. trata de debilitar al régimen (como Obama consiguió con la «crisis del pollo»).

La estrategia actual de la línea dura es resistir las sanciones durante 2020 con la esperanza que Trump no gane las elecciones, y que un presidente demócrata alivie las sanciones y negocie una vuelta al Acuerdo Nuclear de 2015.

Por lo tanto, ven las elecciones parlamentarias como una forma de reafirmar al régimen tanto frente al desafío externo como al interno (alimentado por las sanciones externas).

Cabe destacar que el proceso de reafirmación ya estaba en curso antes de que el general Soleimani fuera muerto por un ataque ordenado por Trump, sin que dicho ataque haya provocado una gran movilización electoral patriótica, que hiciera aumentar la participación electoral, legitimizando a los partidarios de la línea dura.

Por su parte, Rohaní ha criticado las maniobras del ala conservadora de la política iraní, diciendo públicamente que Irán no puede ser gobernado por solo una facción, pidiendo un referéndum mientras que al mismo tiempo pedía que el poder del Consejo de los Guardianes debe reducirse. Un desafío directo al régimen y los conservadores.

El sistema político iraní es un régimen de tutela de juristas islámicos (velayat-e faqih), en la que instituciones teocráticas predominan sobre instituciones que muy imperfectamente tiene algunos elementos democráticos.

Sistema político iraní (según Stratfor)

El mismo parlamento tiene un poder muy limitado, ya que las leyes que apruebe pueden ser vetadas por el Consejo de los Guardianes. El Consejo de los Guardines también hace criba de qué personas pueden presentarse o no a las elecciones iraníes, dejando a una gran cantidad de candidatos fuerza y disuadiendo a muchos otros de hacerlo. Todo lo que sea considerado antiislámico también está prohibido.

El presidente de Irán, aunque es elegido en votación, también tiene que pasar la criba de candidatos, y está subordinado al poder del líder supremo, que no es elegido democráticamente sino que lo hace la Asamblea de Expertos. Esta Asamblea es elegida por voto popular pero también entre una criba de candidatos muy conservadores. Además, el poder fáctico de los pasdarán y basij en el control interno es muy grande, tanto en el aparato represor como por su influencia económica a través de empresas públicas.

No obstante, los elementos democráticos del régimen iraní jugaban un papel a la hora de canalizar el descontento de manera autorizada y ordenada, dando la esperanza de que las cosas podían cambiar si una masa creciente de población se iba sumando a las filas reformistas.

Por ese motivo, aunque se anticipaba una gran victoria electoral de los principalistas en las elecciones parlamentarias de febrero de 2020 (como una forma de reafirmar al régimen gracias a los vetos), el gran hastío en amplios sectores de la población anticipaba que serían unas elecciones con muy baja participación. Por ese motivo, la victoria electoral en realidad sería un síntoma de falta de legitimidad al régimen iraní y de grave crisis interna.

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Efecto de las sanciones de Trump, ya superiores a las de 2012

Las elecciones

Aunque las cifras oficiales de participación aún no se han publicado, las estimaciones calculan que la participación ronda solo el 40% para el conjunto del país. En las grandes ciudades se cree que la participación es todavía muy inferior a ese 40%, rondando el 20-30%. En Teherán se cree que la participación podría haber sido solo del 22%.

Por su parte, según informa VOA los conservadores (principalistas) habrían ganado el 70% de los de 290 escaños del parlamento, mientras que los independientes habrían conseguido entorno al 20% y los reformistas solo el 10%. Esto contrasta con la partición del 61,6% de las elecciones parlamentarias de 2016 en la primera ronda (en segunda ronda se vota en las circunscripciones donde el ganador no obtiene al menos el 25% de los votos).

En 2016 los reformistas consiguieron el 41,7% de los votos, los principalistas (conservadores) obtuvieron el 28,9%, los independientes el 22% y los moderados el 3,4%. Por lo tanto, de confirmarse esos datos, sería una gran victoria electoral principalista al pasar del 29% al 70%, y los reformistas bajando del 41% a solamente un 10% aproximadamente.

Participación en elecciones parlamentarias en Irán

Como decíamos anteriormente el proceso de criba por parte del Consejo de los Guardianes ha sido tan severo, que unos 90 parlamentarios fueron vetados para competir en estas elecciones parlamentarias. Además, la criba ha sido estratégicamente aplicada, por lo que se estima que de los 290 escaños del majlis, los conservadores no enfrentaban una oposición seria en 200 de ellos.

Uno de los 90 parlamentarios iraníes que han sido rechazados pro el Consejo de los Guardianes es Ali Motahhari, de 62 años, hijo de un clérigo influyente en la conformación del actual Irán. Que se rechace a un parlamentario de pulcros antecedentes revolucionarios es un indicativo de lo muy estricto que fue el proceso de criba.

Motahhari es un antiguo miembro de la facción principalista de izquierda, que progresivamente fue alineándose con los reformistas de izquierda después de la crisis interna en la facción conservador que siguió a las elecciones de 2009 (la crisis del Movimiento Verde por elecciones fraudulentas).

Criba de candidatos

Los reformistas después de sufrir el gran proceso de criba que aplicó el Consejo de Guardianes, inicialmente anunciaron su renuencia a publicar una lista de candidatos para distritos electorales clave como la capital, Teherán y la ciudad central de Isfahan. Esa decisión fue tomada después de una reunión del 4 de febrero del del consejo reformista presidido por Mohammad Reza Aref (político muy influyente, que decidió en 2013 echarse a un lado y permitir que Rohaní fuera el candidato a la presidencia).

Participación y voto en Irán en elecciones parlamentarias

No obstante, a pesar de la falta de voluntad inicial y después de días de deliberaciones, el principal consejo reformista publicó el 15 de febrero una lista finalizada para los 30 escaños para el distrito electoral de Teherán entre las opciones limitadas de candidatos que quedaban disponibles.

Con todo, aunque en Teherán suele haber una gran mayoría del voto que se inclina por opciones reformistas, en las elecciones de 2020 ha ganado Qalibaf, un principalista de la derecha económica, partidario de la liberalización. Que ganase este candidato en Teherán deja en evidencia que la participación, más allá de las cifras oficiales que finalmente se publiquen, ha sido extraordinariamente baja y no representan en absoluto el sentir popular.

Conclusiones

La gran victoria electoral principalista o conservadora en realidad significa una gran derrota política del régimen, que trata de huir hacia adelante ante el gran desafío de las sanciones y política de máxima presión de Trump.

Esta estrategia de huida hacia adelante se encontrará en un callejón sin salida en el caso que Trump (o algún otro candidato de línea dura contra Irán) gane las elecciones presidenciales norteamericanas a fines de año, ya que se enfrentaría a otros cuatro años de sanciones aún más duras y una gravísima desafección interna.

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