Donald Trump y el impeachment ¿Castigo o bendición?

Por Álvaro Díaz Navarro.

El anuncio por el que Donald Trump había presionado a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, para que investigara al hijo de Joe Biden, uno de los candidatos demócratas en las próximas elecciones, activó un proceso de impeachment que vamos a desvelaros.

La destitución o impeachment es un recurso constitucional, el cuarto en la historia del país norteamericano, es la gran esperanza del Partido Demócrata para sacar al magnate neoyorquino de la Casa Blanca antes de que tenga la oportunidad de ser elegido en las urnas el próximo año.

Foto de Erik McGregor. Desde las elecciones de 2016, casi no se sabe si atacar a Trump es acertado o no, ya que a menudo ha salido airoso e incluso reforzado de toda clase de acusaciones.

El impeachment y el procedimiento a seguir.

En líneas generales, un impeachment es un juicio político. Es una figura propia de sistemas presidencialistas homologable a la moción de censura de los sistemas parlamentaristas.

En el caso de Estados Unidos viene establecida en el artículo 1 de la Constitución, siendo introducida por los “padres fundadores” para evitar abusos de poder por parte del poder ejecutivo. Tales abusos, ateniéndonos a la Carta Magna, comprenden los delitos de “traición, cohecho y otros delitos o faltas graves”.

Si bien el significado de estos términos es muy amplio, se suele interpretar que se trata de graves abusos y arbitrariedades, como casos de corrupción u obstrucción a la justicia.

Para que un impeachment salga adelante, debe pasar por las dos cámaras legislativas, tanto el Congreso como el Senado.

En primer lugar, por iniciativa del Comité Judicial del Congreso, se debaten los cargos de los que se acusa al presidente y se somete el asunto a votación, donde se precisa una mayoría simple, esto es, la mitad más uno de los 435 congresistas.

El proceso continúa en el Senado, donde el juicio político entra en su fase decisiva. En este punto se produce una escenificación en la que un grupo de diputados ejercen como fiscales, los senadores actúan como jurado, y el presidente y sus abogados hacen de defensa, en tanto el presidente del Tribunal Supremo arbitra el proceso.

Escuchados los testimonios y con las pruebas encima de la mesa, se inicia una nueva votación, pero esta vez se requiere mayoría cualificada. Esto significa que al menos dos tercios (67 de 100 senadores) deben apoyar la moción.

¿Por qué ahora y cuáles son los motivos?

 El mandato de Trump estuvo rodeado de escándalos desde que comenzó y el juicio político a su persona es una opción que siempre se barajó desde el bando demócrata.

Al fin y al cabo ha protagonizado una larga lista de polémicas: el nombramiento de Kavanaugh para el Tribunal Supremo, las incontables renuncias en su gabinete o la retirada del pacto nuclear con Irán. El presidente estadounidense fue objeto de acusaciones de violación por Jean Carroll y de adulterio con distintas chicas Playboy. Incluso el escándalo de Jeffrey Epstein le salpicó.

Tampoco ha sido un presidente excesivamente diplomático, como se puede deducir de sus incendiarios tweets, sus declaraciones públicas hacia otros dirigentes políticos; incluso a aquellos considerados socios tradicionales de Estados Unidos o sus enfrentamientos con los medios de comunicación.

Todo comenzó con una petición arbitraria al presidente ucraniano (y humorista). El juego de contrapesos está muy presente en la democracia americana.

Las reticencias de Nancy Pelosi, presidenta del Congreso y peso pesado dentro del Partido Demócrata, estuvieron siempre vinculadas a los efectos políticos negativos que podría tener un impeachment a destiempo. Sin embargo, un juicio político exitoso, si se desarrolla con precisión y en el momento exacto, puede generar réditos muy positivos.

Entonces, ¿por qué ahora? Es probable que la respuesta tenga más que ver con el cuándo que con el qué: El qué es la filtración de la transcripción de una llamada telefónica en la que Donald Trump presionaba a Volodímir Zelenski para que investigara al hijo del candidato demócrata Joe Biden, a cambio de liberar unos fondos destinados a ayuda militar para Ucrania.

La acusación es sumamente grave,en tanto hablamos de la utilización abusiva de un presupuesto aprobado por el Congreso para hacer política partidista.

Ahora bien, el cuándo es fundamental para armar el puzzle. Los demócratas han activado este recurso sabiendo de antemano que difícilmente saldrá adelante en el Senado, pero que servirá para erosionar, o al menos así lo esperan, la imagen de Trump de cara a las elecciones presidenciales.

Probabilidades de que prospere.

Las probabilidades de éxito son escasas.

Composición del Senado de Estados Unidos en enero de 2020, 45 demócratas, 53 republicanos y 2 independientes.

El proceso superará la primera fase gracias a la mayoría demócrata en el Congreso, pero los republicanos copan los escaños en el Senado. Para ver a Donald Trump sentenciado haría falta que 20 senadores republicanos votaran a favor, algo impensable a día de hoy.

Los antecedentes tampoco ayudan al optimismo. De los dos casos de impeachment que se han dado en el país, contra Andrew Johnson y Bill Clinton, ninguno terminó con la destitución del presidente, ya que no se alcanzó la mayoría requerida en el Senado.

A Richard Nixon también se le intentó destituir, pero el protagonista del Watergate dimitió antes siquiera de que la acusación llegara a la Cámara Alta.

Cuestión aparte es la capacidad de Trump para manejar esta clase de situaciones, en las que se mueve como pez en el agua.

El impeachment puede terminar siendo una oportunidad para denunciar, como viene siendo habitual, al establishment del que tanto abjura el mandatario.

Como parte de un discurso victimista cimentado en una retórica amigo-enemigo, Trump ha calificado de “traición” a los demócratas y ha presentado este proceso como un ataque del establishment contra su persona.

Además, a día de hoy, el núcleo de los votantes republicanos no ha cambiado de parecer respecto a Trump. Si a esto se le añade que el paro se encuentra en mínimos históricos (3,5 %), que los salarios están en alza y que la economía ha crecido por encima del 2 % durante su administración, se puede comprender por qué estas acusaciones podrían no hacer mella en el presidente.

Fuente: ABC. https://abcblogs.abc.es/laboratorio-de-estilo/otros-temas/trump-se-retracta-twitter-en-espanol.html

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