¿Existe relación entre la inmigración y el terrorismo?

A raíz de los múltiples atentados terroristas de índole salafista yihadista que ha sufrido el territorio en las últimas décadas, en España y en la Unión Europea se han hecho esfuerzos por mejorar la seguridad, para reducir el riesgo de sufrir otro ataque. Una de las medidas más utilizadas y a la vez más polémica ha sido controlar la inmigración de personas sin papeles —en 2018, se produjeron 57.000 entradas de inmigrantes en España, siendo la ruta migratoria más frecuentada de toda la Unión Europea—.

Sin embargo, en numerosas ocasiones las revistas de propaganda de los grupos terroristas salafistas han pedido a sus fieles que, con las posibilidades de las que dispongan, viajen a países europeos, se infiltren en su sociedad y comentan atentados terroristas lo más mediáticos posibles. Teniendo en cuenta estas peticiones, es indudable que existe cierto peligro en el hecho de que una persona radicalizada cruce las fronteras y se instale en una sociedad de acogida con intención de atacarla.

La situación de los menores extranjeros no acompañados

Los denominados MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados) suelen llegar al país receptor de una forma irregular. En el caso de España, suelen inmigrar huyendo de desastres naturales, guerras o lugares donde no se respetan los derechos humanos. Según el mismo medio, hacen un largo y peligroso recorrido con el objetivo de tener una vida mejor; incluso, a veces, para poder mantener económicamente a los familiares que dejaron en su país.

Actualmente en España, los centros de MENAS se encuentran colapsados. Así, según el Real Instituto Elcano (2019), a finales de 2018, España acogía alrededor de unos 11.000 MENA, el 70% de ellos de procedencia marroquí. Según este think-tank, su llegada ha causado la saturación de los centros dedicados a su acogida. El problema es que en España no existe un plan de distribución de estas personas, sino que la mayoría se encuentran en Andalucía, Melilla, Cataluña y el País Vasco.

Se añaden a esta problemática los numerosos conflictos que generan muchos de estos menores en las ciudades en las que se encuentran los centros. Ejemplo de esto son los numerosos robos y agresiones que están sufriendo los vecinos del barrio de Hortaleza de Madrid, de la Casa de Campo, también en Madrid o de Canet de Mar en Barcelona.

Como señalan los dos Doctores en Psicología Manuel Moyano y Humberto Trujillo en su libro Radicalización islamista y terrorismo, estos menores comparten ciertas características que explican su comportamiento. En primer lugar, son personas que han tenido una historia personal dura en su lugar de origen, y que es precisamente por lo que deciden huir. A eso se suman las complicaciones que el viaje a Europa puede acarrear, así como la lucha por la supervivencia una vez llegan al lugar de destino, que en ocasiones puede incitarlos a cometer actos delictivos. Además, en muchos casos, estos menores no han recibido la educación y no han aprendido las normas sociales que priman en la sociedad europea, por lo que su comportamiento en los países de destino en ocasiones no encaja con la forma de vida y reglas sociales de los autóctonos.

Tampoco puede dejarse al margen la carencia emocional y afectiva que padecen cuando llegan solos a Europa, lo que les puede dificultar el desarrollo de la empatía con terceras personas. Según Manuel Moyano y Humberto Trujillo, es muy probable que en su lugar de origen no hayan estado escolarizados o hayan dejado sus estudios a una edad muy temprana, que dificulta su adaptación al sistema educativo español. Y, para más inri, pueden sentirse frustrados si la realidad no se ajusta a las expectativas que se generaron (o que les generaron) en su país de origen respecto a su nueva vida en Europa.

Teniendo todo esto en cuenta, es de apreciar la importancia que tiene la labor de los trabajadores de los centros de MENAS, pues en sus manos está garantizar que los menores tengan una vida digna y se sientan comprendidos, con todos los terribles acontecimientos que han sufrido. Además, realizan su trabajo a contrarreloj, pues tienen únicamente hasta que los menores cumplen 18 años para poder inculcar las normas y valores españoles y/o europeos a estas personas, motivándoles para que, cuando salgan del centro, no caigan en manos de la delincuencia, de redes de explotación sexual o incluso de organizaciones terroristas -Manuel Moyano y Humberto Trujillo-, las cuales aprovechan su delicada situación para captarles.

Según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, en 2018 únicamente se produjeron tres detenciones de menores por pertenencia a una organización terrorista. Sin embargo, entre enero y julio de 2019 no se ha dado ningún caso.

Con todo ello, teniendo en cuenta que es un colectivo vulnerable, sería importante aumentar el presupuesto para un mejor acondicionamiento de los centros de acogida, y que así, los menores puedan sentirse más cómodos y puedan disponer de una vida lo mas normalizada posible. También sería necesario reforzar el número de trabajadores de estos centros, para que puedan dar una atención más personalizada. No debemos olvidar que estas personas son niños y necesitan recibir afecto y comprensión para poder superar los traumas de su dura vida o incluso, de la vida de cualquier niño.

Segundas generaciones

Hablamos de segundas generaciones para referirnos a los descendientes de personas que inmigraron en el pasado y que nacieron en el estado de acogida.

Como dicen Angel Rabasa y Cheryl Benard (2015), en su libro Eurojihad, en las ciudades europeas las segundas generaciones viven apartados de la población y son especialmente vulnerables a la captación de redes de radicalización violenta y al reclutamiento terrorista.

Las personas que pertenecen a las segundas generaciones y que son de ascendencia musulmana, se sienten en un continuo desequilibrio entre ambas culturas, lo que les genera conflictos de identidad personal. Sienten que no pertenecen ni al lugar de sus progenitores, ni al lugar donde viven. A esto se suma la gran diferencia cultural entre su lugar de origen y las costumbres sociales del país en el que viven. De esta forma, se encuentran realmente expuestos a la propaganda yihadista a través de las distintas redes sociales. Esta vía puede ser la opción que elijan a su problema de identidad, afirmar a través de la violencia, su pertenencia al mundo musulmán.

Si nos centramos en nuestro país, según declaraciones del General de Brigada de Artillería Miguel Ángel Ballesteros, actual Director del Departamento de Seguridad Nacional de España, en España la lucha contra la radicalización está generando un modelo eficaz, en contraposición con lo que ocurre en Reino Unido, o Francia. Ballesteros opina que hay que combatirla en su origen: en las cárceles, en las mezquitas más extremistas, en Internet… Según este mismo, en Francia, donde existe un modelo de integración muy restrictivo respecto a la religión, esta queda relegada al ámbito privado, y los esfuerzos contra la radicalización han fracasado. En Reino Unido, por su parte, existe un modelo de libertades individuales mucho más amplio, en el que cada uno es libre de hacer manifestarse como quiera en público o privado, y donde se ha llegado al punto de publicar libros que justifican la yihad. Por tanto, su modelo también ha fracasado.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la cantidad de radicalizados en esos dos países es mucho mayor que en España, pero no porque en este último haya menos inmigrantes, sino porque existen pocas personas de segunda generación, salvo en Ceuta, Melilla, y Cataluña, cosa que cambiará en el futuro, en un rango de diez años aproximadamente.

El perfil real del terrorista

Debemos recalcar que no existe un único perfil del terrorista en España. Sin embargo, un análisis de los datos analizados y publicados por el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo puede servir para intentar acercarnos a sus características más genéricas.

La mayoría de los detenidos en operaciones policiales por pertenencia a una organización terrorista proceden de Marruecos. Estos son 19 personas, los cuales suman el 64% de los detenidos en España en el 2018. Por orden de mayor número de miembros detenidos, en segundo lugar, se encuentran los españoles, siendo 6 los detenidos con esta nacionalidad, un 20% del total. Los sirios ocupan la tercera posición con un 7%, y a continuación los procedentes de Argelia, Holanda y Senegal con un 3% cada uno.

Fuente: elaboración propia

Centrándonos en el atentado terrorista del 17 de agosto de 2017 en Barcelona, ocho de los nueve planificadores, tenían nacionalidad marroquí y sólo uno la española. Los nueve habían nacido o crecido en España y eran de segunda generación, todos ellos descendientes de inmigrantes marroquíes. También es reseñable, que estas personas estaban registradas en un programa para prevenir la exclusión social entre personas de origen inmigrante. Debido a esto, habría que estudiar cuáles eran las características de este programa, la implicación de los mismos en él, y las causas de la poca eficacia, para poder mejorarlo y utilizarlo para mejorar la exclusión social de colectivos vulnerables.

Así, en 2018, el 80% de los detenidos por pertenencia a una organización terrorista en España provenía de otros países. Por eso, el control migratorio tiene una gran importancia para la seguridad de España.

En referencia a los MENAS, nos damos cuenta de la importancia y delicadeza de la situación en la que se encuentran, y de lo necesario que es dar un soporte psicológico y social satisfactorio a esos menores —incluso una vez cumplan la mayoría de edad—, a fin de mejorar su integración social el país y seguir evitando que caigan presa de las redes de grupos terroristas.

Con todo lo expuesto, es evidente que en estos momentos nuestra prioridad debe ser el control y tratamiento de estos flujos migratorios irregulares y de nuestras fronteras, de tal manera que se pueda garantizar una adecuada acogida de estas personas y su consiguiente integración en nuestra sociedad.

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