Los niños y niñas en los conflictos armados


En el siglo XXI el número de guerras ha ido menguando, pero el número de niños afectados por conflictos armados no ha podido seguir el mismo camino. Los niños en los conflictos armados no son responsables, sin embargo, son los más afectados pues sus planes de futuro desaparecen y además se convierten en marionetas usadas por adultos.

Los niños son uno de los grupos más vulnerables y afectados por la guerra. Por este motivo, la comunidad internacional ha intentado en varias ocasiones crear documentos o tomar medidas para su protección. El primer intento fue la Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños en 1924, no tuvo mucho eco por lo que se vieron obligados en 1959 a un segundo intento en la Asamblea General de las Naciones Unidas con la Declaración de los Derechos de los Niños, pero que al no ser vinculante no tuvo gran repercusión. Fue en 1989 cuando se firmó el primer tratado vinculante de protección a los menores: la Convención sobre los Derechos del Niño. Con ella se establecía que todo ser humano menor de 18 años es un niño; además, estos aparte de tener los mismos derechos que todo ser humano, gozaban de unos derechos específicos por su vulnerabilidad e inocencia. Sin embargo, a pesar de todos los intentos de la comunidad internacional estos documentos nunca han conseguido un verdadero cambio, no han tenido efectividad real debido a que en el momento de la guerra ningún país tiene miramientos por los civiles, ni siquiera en muchas ocasiones por su propia población civil, incluidos los niños.

Los conflictos armados afectan a los niños en muchos sentidos, les dejan un futuro complicado e incierto, les dejan secuelas imborrables, destruyen las estructuras familiares y comunitarias que les forman, pero sobre todo les obligan a crecer y a hacer frente a situaciones propias de adultos. No cabe duda de que los niños son las principales víctimas de estos conflictos y debido a la magnitud que alcanza este problema se han establecido diferentes categorías, todas ellas igual de atroces, en función de cómo son utilizados los niños en las guerras, pueden ser víctimas civiles: objetivos de las fuerzas armadas; niños soldados: miembro de fuerzas gubernamentales armadas o de un grupo armado; niños desplazados: un gran número de niños son separados de sus padres o de las personas responsables al cargo (huérfanos); niños heridos o discapacitados: a causa de las atrocidades que han tenido que vivir; niños encarcelados por su asociación con fuerzas armadas de un Estado; o niños explotados (explotación sexual o trabajos forzados).

El último atisbo de optimismo en este contexto es el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño, que entró en vigor en 2002 y el cual hoy en día cuenta con más de 100 ratificaciones y que además es vinculante para todos aquellos países que lo han ratificado. Este protocolo permite que los niños puedan acceder de primera mano a comunicaciones para denunciar las violaciones de sus derechos. Sin embargo, los requisitos para ello no se adaptan a la realidad de estos niños; por ejemplo, las quejas solo son admitidas si se presentan por escrito, teniendo en cuenta que muchos de ellos no han aprendido aún a escribir o incluso no pueden continuar con su educación a causa de estos conflictos no es una medida efectiva. Y es que según un informe de UNICEF uno de cada tres niños no va a la escuela en países afectados por conflictos armados y ante esta situación la ONU ha denunciado los escasos recursos educativos que se destinan a estas zonas.

Es imprescindible encontrar una solución efectiva y que verdaderamente proteja a los niños en estas situaciones, por un lado, la solución más eficaz para acabar con los abusos y atrocidades a los niños en los conflictos armados sería conseguir el fin de estos conflictos, sin embargo, después de tantos intentos y fracasos, la comunidad internacional aún continúa buscando la manera de hacer esto realidad, pues su dificultad y complejidad lo hacen un problema especialmente delicado.

Es muy importante centrarse no sólo en cómo prevenir el reclutamiento de niños soldados, sino también en la desmovilización y la reintegración después de los conflictos. Estos programas se llaman programas de DDR- (por Desarme, Desmovilización y Reintegración), y son muy importantes para iniciar un proceso de curación no sólo para estos niños, sino para toda la comunidad a la cual pertenecen. Ejemplos de estos programas son: Las niñas soldados: En busca de la dignidad arrebatada, es un programa de la Fundación “la Caixa”, (Barcelona) que presenta los principales obstáculos que encuentran las niñas soldados para salir del grupo armado y la posterior rehabilitación; otro ejemplo es la: Reparación integradora para niños, niñas y jóvenes víctimas de reclutamiento ilícito en Colombia desarrollado por el Centro Internacional para la Justicia Transicional. Detrás de todos estos programas hay muchas organizaciones que ayudan a mejor la vida de los niños durante y después de los conflictos armados (Oficina del Representante Especial del Secretario General para la cuestión de los niños y los conflictos armados, promueve y protege los derechos de todos los niños mediante el apoyo a colaboradores operacionales que hacen presencia en los territorios).

Es indudable que la situación es crítica y compleja, ya que hay actualmente son más de 300.000 niños víctimas de los conflictos armados, por eso la solución no es fácil de encontrar, sin embargo mientras se siga cooperando desde la comunidad internacional y las diferentes organizaciones se puede pensar en que esa solución llegará.

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