LGBTIQfobia y vulneración de Derechos Humanos hacia el colectivo en países asiáticos: una visión general


Chi Chia-wei, activista taiwanés. Fuente: The Reporter

Los derechos LGBTIQ+ en los países asiáticos son muy limitados en comparación con varios países europeos y otros países occidentales. Aunque medidas como el matrimonio homosexual o el derecho a cambiar de género sí que han sido legalizadas en algunos países de Asia, la falta de políticas LGBTIQ+ antidiscriminatorias que protejan a este colectivo todavía son muy necesarias.

La National Queer Asian Pacific Islander Alliance (NQAPIA) —una federación de organizaciones por los derechos LGBT de personas asiático-americanas, del sur y sureste asiático, e isleñas del Pacífico— recoge datos sobre las leyes en los distintos países asiáticos. Otras organizaciones, como la Human Rights Watch (HRW), trabajan para proteger, entre otros aspectos, los derechos de las personas LGBTIQ+ y denunciar su vulneración en los países donde se produce.

La lucha por parte de activistas individuales o de colectivos —tanto dentro del propio país o por parte de ONGs internacionales— ha ido dando sus frutos en varias regiones asiáticas tras muchos años de esfuerzo. Recientemente, en varios países del continente se han aprobado nuevas leyes que contemplan cierto avance en materia LGBTIQ+; sin embargo, estas medidas siguen siendo discriminatorias, ya que en muchas ocasiones no se aplican a todo el colectivo por igual, o porque los derechos concedidos se aplican parcialmente.

No obstante, la realidad demuestra que legalidad de ciertas medidas no garantiza la aceptación social. Por lo tanto, pese a tener unas leyes que amparan ciertos derechos y libertades para la comunidad LGBTIQ+, este colectivo se sigue enfrentando al estigma y a la discriminación social. Estos son, además, aún mayores en aquellos países asiáticos donde la ley ni si quiera protege a estas personas.

Relaciones homosexuales y derechos matrimoniales

Como se muestra en el mapa, Mongolia, China, Nepal, Laos, Cambodia, Vietnam, Filipinas, Taiwán, Japón y Corea del Sur tienen legalizadas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Sin embargo, el reconocimiento legal del matrimonio homosexual es otro asunto.

En la zona del Pacífico, únicamente Nueva Zelanda y Australia —en agosto de 2013 y diciembre de 2017 respectivamente— se ha legalizado el matrimonio homosexual. En el caso de los países asiáticos, Taiwán se ha convertido este mismo año en el primero que lo legaliza. La lucha en este país para reconocer la unión legal de dos personas independientemente del sexo, orientación sexual o identidad de género lleva un largo recorrido a manos de Chi Chia-wei, un famoso activista LGBTIQ+, y recientemente la representante legal Victoria Hsu, quien también es homosexual y quien llevó a la corte constitucional del país a reconocer que la negación de derechos matrimoniales a parejas del mismo sexo era inconstitucional.

Por otro lado, todavía queda mucho por lo que luchar en este país para que se reconozcan los mismos derechos legales a las parejas homosexuales, como es el caso de la adopción. La legislación que aprobó el matrimonio homosexual en mayo de este año únicamente contempla —en lo referido a la adopción por parte de parejas del mismo sexo— que uno de los cónyuges puede adoptar legalmente al hijo o hija biológico del otro; es decir, las parejas homosexuales quedan fuera de los procesos de adopción convencionales. El Taiwan IFV Group es la única clínica de fertilidad del país que, en colaboración con un centro de fertilidad en Estados Unidos, ofrece tratamientos para personas LGBTIQ+ que quieren comenzar una familia.

A pesar de los frutos que ha dado la lucha del colectivo en Taiwán y el ejemplo que supone para otros países asiáticos, el hecho de que las relaciones homosexuales sean todavía castigadas por ley o que legalmente no se acepten parejas del mismo sexo en otras naciones supone una vulneración de los derechos humanos reconocidos por las Naciones Unidas. Esta organización recoge que queda prohibida bajo las leyes internacionales de derechos humanos cualquier tipo de discriminación a causa de la orientación sexual o la identidad de género. Además, dado que las Naciones Unidas son conscientes de la vulneración de tales derechos a personas LGBTIQ+, los países que no incumplen estas medidas tienen la obligación de ofrecer asilo a personas solicitantes que sean perseguidas en su país de origen por su sexualidad o identidad de género.

Identidad de género

La mayoría de los países mencionados anteriormente también contemplan el derecho de las personas transgénero a ser reconocidas legalmente con el sexo con el que se identifican. Además, otras naciones se suman a la lista, como se describe en el mapa. Estos países son Pakistán, Sri Lanka, Bangladesh, Indonesia, Nepal, China, Mongolia, Laos, Taiwán, Japón y Corea del Sur. Sin embargo, ¿cuál es la trampa? Pese a que las leyes de estos países amparan a las personas trans, todavía se sigue produciendo mucha discriminación hacia la comunidad, y las leyes reconocen el cambio de sexo únicamente bajo ciertos requisitos.

Uno de los países islámicos que ha tomado medidas para garantizar los derechos y proteger a las personas transgénero es Pakistán. El gobierno pakistaní aprobó en mayo de 2018 una ley —Transgender Persons (Protection of Rights) Act— para proteger y dar rehabilitación a las personas trans, una medida que complementa el reconocimiento legal de esta comunidad en 2009. El documento legislativo reconoce bajo el término transgénero a: personas intersexuales, eunucos (hombres que han sufrido castración genital), hombres y mujeres transgénero, Khawaja Sira (el tercer género), y a cualquier persona que no se identifique con el género asignado al nacer.

Sin embargo, el texto también enfatiza que las personas transgénero se enfrentan a discriminación desde la infancia ya que, por ejemplo, solo el 30% acaba la educación primaria, el 23% la secundaria y solo un 7% realiza estudios preuniversitarios o universitarios. Un 40% de la población trans ni si quiera asiste a la escuela. Además, las opciones laborales son muy escasas y muchas de estas personas acaban recurriendo a la prostitución. No solo se destacan problemas a nivel social a los que se enfrentan, sino que el documento también recoge datos alarmantes sobre violencia y asesinatos contra esta comunidad.

Otro ejemplo lo representa Japón, ya que el país asiático sí que contempla el derecho de reasignación de género a personas transexuales, pero bajo la condición de que estas pasen por un proceso de esterilización. ¿Por qué se niega el derecho a tener descendencia a una persona por el simple hecho de ser transgénero?

Como recoge HRW, la ley del país — “Gender Identity Disorder Special Cases Act”—, aprobada en 2004, es discriminatoria y vulnera los derechos humanos. Primero, las personas solicitantes del cambio de sexo legal tienen que ser evaluadas y ser diagnosticadas de “Trastorno de Identidad de Género”. Por un lado, según la última versión del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM–5), se susituyó el término “trastorno” por “disforia” para este tipo de diagnósticos. Por otro, la OMS finalmente ha retirado la “disforia de género” de las enfermedades psiquiátricas. Como denuncia HRW, muchas personas trans no sienten ni quieren ser diagnosticadas de un trastorno psiquiátrico. Después de la evaluación psiquiátrica las personas trans tienen que pasar por un procedimiento médico de esterilización.

Otros requisitos para ser solicitantes son: no se puede tener hijos o hijas menores de edad, o estar casado en el momento de la solicitud. Además, otro aspecto, que muchas veces se pasa por alto, es que los procesos hormonales o quirúrgicos en muchas ocasiones corren a cargo de la propia persona solicitante; por lo que las personas transgénero que no dispongan de una solvencia económica adecuada para afrontar estos procedimientos, legalmente no podrán cambiar su sexo.

Este mismo año, según informa HRW, la World Professional Association for Transgender Health (WPATH) se ha dirigido formalmente tanto al Ministro de Justicia como al de Salud, Trabajo y Bienestar japoneses para que reformen el proceso de reconocimiento legal para personas transgénero y los requisitos que recoge la ley actual. En esta carta se critica precisamente el hecho de que una persona trans tenga que ser mayor de edad, que no pueda tener menores a su cargo ni estar casada, o que sus genitales no sean funcionales o les sea retirados. También critican el hecho de que se exija a las personas solicitantes tener una apariencia normativa del sexo en el que quieren ser reconocidas legalmente.

Como demuestran estos dos ejemplos, tanto Pakistán como Japón —a pesar de ser países donde sí que se contempla el derecho de una persona a identificarse legalmente con el género no asignado al nacer— todavía queda mucho por hacer en materia de derechos y legislación que proteja a las personas transgénero.

Leyes LGBTIQ+: un largo camino por recorrer

Según este mapa, Pakistán, Sri Lanka o Nepal son los únicos países asiáticos que recogen leyes que amparan a la comunidad LGBTIQ+. Sin embargo, esto no quiere decir que las leyes protegen a todas las personas que pertenecen al colectivo por igual. Por ejemplo, el caso de Pakistán solo contempla la protección, como se ha descrito más arriba, a personas transgénero. En este país el Código Penal impuesto por los colonos británicos en 1860 sigue estando en vigor en cuanto a la homosexualidad se refiere. La Sección 377 recoge que los encuentros sexuales entre hombres son ilegales y conllevan pena de cárcel. Además, si es un hombre casado quien las realiza, el crimen es doble, ya que el adulterio es también ilegal actualmente, incluso llegando a la pena de muerte.

Como denunció un joven pakistaní homosexual en una entrevista el pasado año, ser gay en el país implica llevar una vida miserable y dura. No solo su orientación sexual es castigada por ley, sino que un hombre homosexual se enfrenta al acoso y al constante señalamiento por parte de compañeros y de su propia familia en caso de no querer ocultar su sexualidad de por vida.

La Sección 377 además se sigue aplicando en el Código Penal de otros países que fueron colonias británicas, por lo que en estos las relaciones homosexuales siguen siendo ilegales. Como se ha comentado más arriba, poco a poco las leyes discriminatorias contra la comunidad LGBTIQ+ se han ido modificando en los últimos años en algunos países del continente asiático, aunque todavía estas modificaciones son puntuales e insuficientes.

Esta sección número 337 del Código Penal de las excolonias británicas, que castiga prácticas sexuales “no naturales” —igualando el sexo homosexual a prácticas sexuales con animales—, fue revisada en India el pasado año. La Corte Suprema del país declaró que la discriminación por orientación sexual atenta contra la libertad de expresión, por lo que la Sección 377 dejó de ser efectiva en cuanto a la penalización de las relaciones homosexuales.

Al igual que en el caso de Taiwán con el matrimonio homosexual, este hecho podría animar a otros países vecinos con la misma ley a modificar sus Códigos Penales; sin embargo, llegarían ya demasiado tarde, ya que, como se ha descrito al principio, estos países llevan vulnerando las leyes internacionales de derechos humanos durante años.

Por otro lado, a pesar de que ya existan en algunas naciones asiáticas leyes que amparen a parte del colectivo, se siguen cometiendo crímenes y abusos. Por ejemplo, en el verano de 2018 se realizó una protesta por parte del colectivo trans en la ciudad Pakistaní de Peshawar tras la mutilación y el asesinato de una mujer transgénero, que según la asociación TransAction Pakistan, fue la víctima trans número 62 desde el año 2015 en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa. Un caso reciente ocurrió el pasado mes de julio también en Pakistán, un hombre asesinó a su hija transexual.

Como demuestran los ejemplos descritos más arriba, las escasas y puntuales mejoras en ciertas regiones asiáticas —en cuanto a los derechos LGBTIQ+ se refiere— abren un nuevo panorama de libertad e igualdad para la comunidad; por lo que, por un lado, gracias al trabajo de activistas y ONGs durante años, cabe pensar que estos países servirán de referencia a las naciones vecinas. No obstante, la aprobación de leyes, pese a ser el paso inicial para el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTIQ+, no garantiza siempre la protección necesaria y no se puede contemplar como la única herramienta efectiva, ya que diversos crímenes se han seguido cometiendo en estos países. Por lo tanto, todavía queda un largo camino por recorrer para alcanzar la total aceptación e igualdad de esta comunidad, no solo en el continente asiático, sino en otras regiones del mundo, incluida Europa y otros países occidentales.

Acerca de Alberto García García-Madrid

Soy doctorando en Estudios Feministas y de Género (UCM), investigador asociado del grupo Poetics (UCM) y profesor de inglés. Me he especializado en literatura modernista y posmodernista en lengua inglesa (Máster en English Studies, QMUL), especialmente en Virginia Woolf. Actualmente también me dedico a la investigación sobre estudios feministas y teoría queer.

Twitter @Alberto_GGM

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