¿Hay cabida en Arabia Saudí para el feminismo?

Manal al-Sharif, activista saudí. Fuente: ABC News, fotografía cedida por la activista.

El país árabe es conocido internacionalmente por el atraso de su sociedad, en comparación con otras naciones modernas, en materia de derechos e igualdades para las mujeres y para la comunidad LGBTIQ+. Hace poco más de un año, el 24 de junio de 2018, se levantó la prohibición de conducir que pesaba sobre las mujeres del país; un acto tan cotidiano en otras partes del mundo que permitía, tras muchos años de reivindicación, vivir con más independencia y libertad a las saudíes. ¿Por qué esta noticia causó tanto revuelo internacional? ¿Cuál es el papel de las mujeres en Arabia Saudí?

Como destaca un informe de Amnistía Internacional, el derecho a conducir es uno más en la larga lista de peticiones por las que llevan luchando durante años numerosas activistas del país. Amnistía Internacional expone que desde 1990 muchas mujeres mantienen públicamente una campaña en contra de esta prohibición, y que, en 2007, hicieron una petición pública al difunto rey Abdullah para levantarla. En 2008, y en vista de que el monarca no satisfizo la demanda, la activista Wajeha al-Huwaider publicó un vídeo en el que aparecía conduciendo con motivo del Día Internacional de la Mujer. Años más tarde, en 2011, varias mujeres —entre las que se encontraba la activista Manal al-Sharif— volvieron a utilizar la plataforma YouTube para reivindicar su derecho a poder conducir.

Tras varias campañas públicas durante los años posteriores y el trabajo de varias activistas —que fueron arrestadas por desafiar la prohibición—, en 2017 por fin se aprobó un decreto real para autorizar esta práctica, que entró en vigor el 24 de junio de 2018. Tras un año con esta nueva legislación, el número de mujeres conductoras está en aumento. Sin embargo, a las mujeres todavía les quedan muchos derechos y libertades por los que luchar en el país.

Derechos de las mujeres en Arabia Saudí

Como destacó la ONG Human Rights Watch (HRW) en 2016, ese año las mujeres saudíes todavía seguían bajo un régimen de guardia legal masculina. Es decir, la vida de las mujeres, desde que nacían hasta que morían, estaba —y todavía lo está— controlada por un tutor varón. Los tutores, que normalmente son el padre o el marido —e incluso el hermano o el hijo de la mujer—, tienen poder de decisión sobre asuntos que conciernen a la esposa o a la hija. Estas decisiones afectan a la esfera más personal de las mujeres, y vulneran sus libertades individuales hasta el punto de no poder decidir por sí solas aspectos como casarse o divorciarse, viajar —aunque este aspecto ha cambiado recientemente—, aceptar un trabajo, acceder al sistema sanitario o incluso salir de prisión.

El informe de HRW también destaca que, a pesar de que el gobierno saudí había accedido a eliminar esta guardia legal masculina, primero en 2009 y posteriormente en 2013 en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la medida ha seguido prácticamente intacta. En su lugar, la administración se ha limitado a tramitar algunas reformas en cuanto a los derechos de las mujeres en el país, como la aprobación en 2013 de una ley que criminalizaba el abuso doméstico y la apertura en 2016 de un centro para recibir y tratar a mujeres que habían denunciado violencia en el entorno familiar.

También ha habido un intento por parte del gobierno de incorporar a más mujeres al ámbito laboral sin que estas tengan que pedir el permiso de su tutor masculino. Por ejemplo, la agencia de contratación Glowork ha ayudado en los últimos años, con el beneplácito de las autoridades, a incorporar a millares de mujeres al ámbito laboral en campos como la banca, recursos humanos, venta y diseño. Eso ha contribuido a que el porcentaje de mujeres trabajadoras haya aumentado del 18% en 2010 al 23% hoy en día —a pesar de que sigue siendo muy bajo en comparación con la media mundial: un 48%—.

Además, las mujeres saudíes pudieron votar y competir por un puesto por primera vez en las elecciones municipales de 2015. A pesar de la inferior cifra de mujeres que participaron en las elecciones en comparación con los hombres, 18 de ellas llegaron a conseguir cargos municipales. Esta decisión ya se había tomado en 2011, cuando el rey Abdullah anunció que las mujeres podrían participar y votar en las siguientes elecciones municipales.

En cuanto a la violencia sexual, el Consejo de Ministros también ha movido ficha, aprobando en 2018 una ley de protección contra el acoso sexual. Esta ley permite castigar, sin embargo, —y en distinto grado según el tipo de abuso— a cualquier persona que perpetúe un crimen de este tipo. Por lo tanto, no es una ley de protección para las mujeres, ya que ellas recibirían el mismo castigo en caso de probarse que han acosado o abusado sexualmente de un varón adulto o niño. La problemática de esta especificación en la ley recae en el hecho de que no se reconoce la violencia machista como tal. Además, como informa HRW, si se pone en duda el testimonio de la víctima o esta no puede probarlo, ella tendría que asumir la pena impuesta para ese tipo de delito. Por lo que, en una situación en la que el abuso o la agresión sexual se produzca, por ejemplo, en el ámbito de una pareja, ¿se atrevería la mujer a denunciarlo?

Los datos sugieren que no. Y eso que, a pesar de la existencia de una ley que criminaliza el abuso doméstico desde 2013, las cifras oficiales de casos denunciados a las autoridades por razón de violencia contra la mujer en 2017 fueron muy altas, según la información publicada por Arab News el pasado año. El total de los casos fue de 1.059; siendo 348 considerados como casos de violencia física, 65 de abuso sexual y solo 59 de violencia doméstica. Sin embargo, el mismo artículo también hace referencia a los datos obtenidos por una encuesta realizada por el Saudi National Center for Public Opinion Polls en 2017. En ella se recoge que el 73% de las personas encuestadas consideraban que los maridos eran los principales agresores de las mujeres y que el 83% que la violencia contra la mujer se producía en el ámbito doméstico. Por lo tanto, las cifras oficiales de denuncias por violencia doméstica no se corresponden con la percepción de la sociedad, sino que son significativamente más bajas, lo que sugiere que hay muchas mujeres maltratadas por sus maridos que no acuden a las autoridades para denunciar.

Mohammed bin Salman, el príncipe ¿emancipador?

En una entrevista para la cadena de televisión americana CBS en marzo de 2018, el heredero a la corona del país, Mohammed bin Salman, habló, entre otros asuntos, sobre la situación de las mujeres. El príncipe reconoció que la situación previa al incidente de la Gran Mezquita en 1979 —cuando el extremismo islamista asoló el país y apartó a las mujeres de la vida pública— era normal, que las mujeres podían conducir y que podían ocupar espacios públicos.

Mohammed bin Salman, príncipe heredero a la corona de Arabia Saudí. Fuente: CBS News.

Así, el príncipe saudí parece tener por objetivo devolver el país a la moderación previa a 1979. Según sus palabras, la ley del islam no prohíbe que las mujeres se mezclen con los hombres en el lugar de trabajo. Además, también hace referencia a la vestimenta de estas y asegura que el islam concibe que tanto hombres como mujeres deben vestir de manera respetuosa, pero no las obliga a ellas a cubrirse la cabeza, sino que son las propias mujeres las que deben decidir qué tipo de vestimenta es respetuosa.

Con todo, a pesar de las medidas que desde los últimos años parecen hacer las vidas de las mujeres más fáciles, muchas huyen del país y piden asilo político en el extranjero para poder vivir en libertad. Un ejemplo es el de dos hermanas de 18 y 20 años que aprovecharon unas vacaciones familiares en Sri Lanka para huir de su familia. Las hermanas alegaron que su padre y sus hermanos las golpeaban y trataban como esclavas. Atrapadas temporalmente en Hong Kong por problemas con sus pasaportes, explicaban a la prensa que tenían miedo de ser deportadas a Arabia Saudí, ya que allí se expondrían a sanciones penales. Su caso no es el único. Otras dos hermanas, Wafa y Maha al-Subaie, de 25 y 28 años respectivamente, también huyeron del país en abril de este año para escapar de los constantes abusos a los que eran sometidos por sus padres y hermanos, y volaron a Tiblisi, Georgia, donde se les ha concedido asilo. Y la lista sigue.

El gobierno, tras la controversia internacional, empezó a considerar la posibilidad de permitir que las mujeres mayores de 21 años pudieran viajar libremente sin consentimiento expreso de su tutor, igualando sus derechos en este sentido a los de los hombres del país. Recientemente, el pasado 30 de julio, tanto por Real Decreto como por decisión del Consejo de Ministros, esta medida fue aprobada. En ambos documentos se detalla la modificación aplicada al sistema de documentos de viaje, por lo que, a partir de ahora, cualquier persona de nacionalidad saudí podrá solicitar el pasaporte.

Estas modificaciones también contemplan otras medidas que dan más libertad a las mujeres. Por ejemplo, en cuanto a la Ley del Estado Civil, las mujeres también podrán registrar el nacimiento de un hijo o hija. Además, con relación al ámbito laboral, se han modificado varios aspectos en su favor: la definición de trabajador contempla ahora tanto al hombre como a la mujer, no se puede discriminar por razón de sexo y no se puede despedir o amenazar con ello a una trabajadora embarazada o de baja de maternidad.

Todas estas medidas estarían dentro del plan de Mohammed bin Salman de promover el empoderamiento femenino. La apertura internacional del país está empezando a tomar forma, tal como él mismo indicó que ocurriría bajo su dirección. Y, sin embargo, las mujeres del país todavía se sienten escépticas sobre el proceso, ya que de momento la liberalización de sus derechos avanza muy lentamente y el sacrificio que han hecho para conseguirlo ha sido muy grande.

El feminismo saudí

Manal al-Sharif —escritora, activista por los derechos humanos de las mujeres saudíes e impulsora del movimiento Women2Drive ha conducido este año una campaña por varias ciudades de Estados Unidos para concienciar de los abusos que todavía sufren las mujeres en Arabia Saudí. La campaña, patrocinada por la organización Human Rights Foundation culminó el 25 de abril frente a la embajada del país en la ciudad de Washington D.C. para denunciar el modelo de guardia legal masculina. La activista había sido arrestada y encarcelada en Arabia Saudí en 2011 —fue absuelta bajo condición de no involucrarse más en la protesta— por comenzar la campaña que culminaría el año pasado en la abolición de la prohibición de conducir a las mujeres.

Pese a las medidas que el príncipe heredero está tomando en pro de la emancipación de las mujeres, Manal al-Sharif expresó en el Oslo Freedom Forum celebrado en septiembre de 2018 su escepticismo sobre las promesas de Mohammed bin Salman. De hecho, la escritora vive en Australia en un exilio autoimpuesto porque tiene miedo de volver a su país, donde dejó a un hijo que nunca ha conocido a su hermano menor, con el que reside actualmente. Y es que, como explica al-Sharif, muchas activistas todavía están encarceladas en prisiones —desconocidas para sus familiares— sin derecho a un abogado. También denuncia la censura a la que está sometida la ciudadanía de Arabia Saudí y asegura que sus habitantes no tienen libertad para criticar al régimen ni en los medios de comunicación ni a través de las redes sociales.

Otra activista saudí, Israa al-Ghomgham, fue el año pasado la primera activista por los derechos humanos en ser condenada a muerte en el país. Fue arrestada en 2015 por participar en campañas que incitaban a la ciudadanía a reivindicar sus derechos, es decir, por su papel activista y por ser una personalidad muy influyente en cuanto a la lucha por los derechos de las mujeres se refiere. Como comentaba al-Sharif en el Oslo Freedom Forum, al-Ghomgham tampoco tuvo derecho a tener representación legal. Finalmente, y tras la preocupación expresada por las Naciones Unidas a raíz de lo injustificado de su detención, las autoridades saudíes comunicaron en enero de 2019 que al-Ghomgham quedaba absuelta de su condena. No obstante, su futuro sigue siendo incierto, ya que la activista sigue encarcelada.

Estos no son los únicos casos de mujeres detenidas y encarceladas por organizar campañas públicas en contra de las medidas gubernamentales sexistas. Samar Badawi o Nassima al-Sadah son otras de las activistas que han sido arrestadas en los últimos años, concretamente en 2018, por desafiar el sistema de guardia legal masculina públicamente y participar en las peticiones sobre la eliminación de la prohibición a conducir. Loujain al-Hathloul también sufrió la represión, siendo otra de las activistas arrestadas por ponerse al volante antes de que se levantara la prohibición. Amnistía Internacional denuncia que las detenidas en el país son sometidas a abusos y torturas, por lo que las condiciones que sufren no son las que obtiene un preso en cualquier país occidental.

Cabe destacar que, a pesar de que finalmente se haya eliminado la prohibición de conducir para las mujeres, muchas de las activistas que lucharon por ello siguen encarceladas. Las que han sido puestas en libertad, por su parte, siguen teniendo que hacer frente a represiones legales: Hatoon al Fassi, Amal al Harbi, Maysaa al Manea y Abeer Namankani —activistas feministas llevadas a prisión en 2018 semanas antes del levantamiento de la prohibición— fueron liberadas después de un año, aunque no absueltas de los cargos de terrorismo.

Por acontecimientos como estos, el movimiento feminista en el país es bien consciente del peligro que conlleva exponerse públicamente. Por eso, otras mujeres han optado por poner en práctica otros tipos de resistencia, como es el caso de un grupo de mujeres que comenzó una emisión por radio de manera clandestina, a la que llamaron Nsawya FM (“feminismo” en árabe). En sus programas, once saudíes anónimas que no quisieron descubrir su ubicación denunciaban la situación de la mujer en el país del golfo e incluso hablaban de violencia doméstica. El gobierno saudí terminó interceptando la página web por la que emitían el contenido y la bloqueó en el país.

¿Será Arabia Saudí un país feminista en el futuro?

Recientemente, la cantante Nicki Minaj ha cancelado un concierto en el Jeddah World Fest de Arabia Saudí por petición de grupos activistas LGBTIQ+, que ponían de manifiesto que el país sigue vulnerando tanto los derechos de las mujeres como los de esta comunidad. Es un símbolo de que, pese a que la lucha por la libertad de las mujeres ya ha dado algunos resultados, las activistas están decididas a continuar presionando para exigir reformas más profundas.

El precio que han tenido que pagar las activistas feministas es demasiado alto en comparación con las lentas y sutiles reformas que se han llevado a cabo en los últimos años. Por una parte, el príncipe heredero Mohammed bin Salman está apostando por una versión más moderada del islam en la que se reconozcan los derechos de las mujeres, pero, por otro lado, las mujeres que lideraron distintas campañas públicamente fueron, o siguen estando, encarceladas por ello.

Organismos internacionales como Amnistía Internacional llevan años denunciando la situación y luchando por las distintas mujeres que han sido detenidas por participar en las campañas públicas, así como por los hombres de su entorno familiar que también han sido arrestados por apoyarlas. El pasado viernes, tras conocerse la nueva modificación de ley que permite, entre otras cosas, viajar a las mujeres sin permiso de un tutor, Amnistía ha puesto de manifiesto la importancia de la puesta en libertad de las varias activistas que siguen en prisión y la retirada de los cargos de los que se las acusa para que estas nuevas reformas sean realmente significativas.

Pese a todas las barreras que impone el gobierno saudí y la vulneración de los derechos humanos que muchas conllevan, la presión por parte de los grupos activistas sigue, y tiene que seguir, siendo efectiva hasta para se alcancen medidas más profundas, como la total derogación del sistema de guardia legal masculina. Manal al-Sharif calificaba al príncipe Mohammed bin Salman como una de las diez personas más importantes en el mundo, lo que significa que está a su alcance no solo revertir la situación de vulnerabilidad de derechos y libertades hacia las mujeres, sino eliminar todas las barreras de género ante la ley. ¿Será Arabia Saudí un país feminista en el futuro?

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