Estrategia Irán 2020 y la política interna: una encrucijada.

Por Will Pulido

El conflicto con Estados Unidos de las últimas semanas y la situación interna de Irán han desembocado en una encrucijada de posible cambio de rumbo en la estrategia de Teherán para 2020. En esta cuestión, los juegos de equilibrios de la política interna del país son fundamentales. Este será el apasionante tema de este artículo.

La posibilidad de evaluar ulteriores escaladas en el conflicto entre Irán y EEUU es una tarea complicada debido a la compleja situación interna del país iraní.

La futura estrategia de Irán pasa por un juego de equilibrios en el que intervienen políticos, militares y religiosos en un complejo y apasionante lienzo que trataremos de pintar.

Situación interna

Irán no es una dictadura monolítica y su sistema político está muy fraccionado. El régimen iraní no es personalista, ni su sistema político está regido por un partido único, aunque el que carezca de  partido único y haya divisiones internas, no debe confundirse con que en Irán haya libertad y pluralismo.

Por ejemplo, en las elecciones parlamentarias que se celebrarán el 21 de febrero, los candidatos reformistas encaran un veto masivo por parte del Consejo de los Guardianes, ya que este filtra los candidatos que pueden presentarse a las elecciones.

Con todo y a pesar de la represión, en Irán hay una gran ansiedad por parte del régimen de que las próximas elecciones parlamentarias indiquen un descalabro de la legitimidad interna del régimen.

Aunque la perspectiva en las elecciones es que los conservadores (corriente Principalista) recuperen parte del gran retroceso sufrido en las elecciones de 2016, también se anticipa que eso será gracias a los vetos del Consejo de los Guardianes y a que habrá una participación muy baja, que niegue la legitimidad popular del gobierno que emane de ese parlamento. Además hay una fuerte división entre los partidos de la corriente conservadora.

Los temores por una baja participación en los inminentes comicios, proceden de las elecciones al ayuntamiento de Teherán en 2019, en las que solo hubo una participación del 9%.

Aunque Teherán no es Irán (en las anteriores elecciones parlamentarias todos los escaños fueron a candidatos reformistas), la sensación es que la participación en febrero será baja.

Recordemos que en Irán hay un creciente descontento interno, que ya desembocó en importantes revueltas. Además, la oposición al régimen cada vez es más impopular desde el «Movimiento verde» de 2009.

La sensación de cambio, el hartazgo de los vetos a la participación de los reformistas y las duras consecuencias económicas de las sanciones, provocaron revueltas a fines de 2019, especialmente debido a las políticas económicas de ajuste.

Lo anterior podría verse agravado por las nuevas sanciones económicas que ha impuesto EEUU a Irán, como represalia por los ataques con misiles balísticos contra bases con fuerzas estadounidenses en Irak.

La estrategia general del régimen iraní para soportar y sobrevivir a la campaña de máxima presión de EEUU, que comenzó cuando Trump decidió salirse del acuerdo nuclear JCPOA, consiste en intentar sobrevivir hasta las elecciones presidenciales en EEUU, con la esperanza que un presidente demócrata termine con la campaña de máxima presión y vuelva al JCPOA.

La vertiente exterior de la estrategia iraní (además de en Rusia y China) se basa en ampararse en los países europeos, que quieren seguir en el JCPOA y abogan por no imponer sanciones a Irán.

Hay que recordar que el objetivo de EEUU con la política de máxima presión, no consiste en derrocar al régimen y generar el caos total, sino que tiene el objetivo de forzar al régimen iraní a que acepte las 12 demandas, que el secretario de estado Mike Pompeo hiciera en mayo de 2018. Esas demandas se resumen en que el gobierno iraní acepte su derrota geopolítica:

  • Eliminar apoyos a sus milicias y grupos en el exterior.
  • Desmantelar su programa de misiles.
  • Introducir provisos más estrictos en el control de su programa nuclear.

El problema para la estrategia iraní es que no solo depende del resultado de las elecciones en EE.UU., si no que también está sujeta a lo que pueda pasar en sus propias elecciones, así como en los efectos de la fuerte presión económica americana.

Unas elecciones parlamentarias de negativos resultados para los conservadores, podrían poner en entredicho la legitimidad y estabilidad del régimen antes de las elecciones presidenciales americanas.

Los efectos adversos de la política de línea dura.

La campaña de ataques que inició Soleimani a fines de 2019 contra EEUU y la Coalición, para expulsarlos de Irak, y los disparos de misiles balísticos, por ahora lo que han conseguido es la muerte del propio Soleimani y el endurecimiento de las sanciones.

La crisis economica agravada por las sanciones, ha afectado al proceso de desligitimación y desestabilización de la República Islámica, ya que los efectos de la nueva ronda de sanciones y el endurecimiento en la aplicación de las que se estaban ejecutando, generará aún más descontento interno.

Además, los países europeos se han distanciado todavía más de Teherán, por las acciones de Soleimani, los ataques con misiles y la violación de los límites del acuerdo nuclear.

Es decir, Soleimani y la línea dura iraní no prosiguieron con la estrategia de perfil bajo para intentar capear el temporal, atraerse a los europeos y esperar a que Trump pierda las elecciones.

Todo lo contrario, iniciaron una guerra encubierta contra EEUU y la Coalición en noviembre de 2019, violaciones de los límites del acuerdo nuclear, etc. Así que los efectos de ese cambio de política en Irán son los de provocar el aislamiento internacional, la debacle económica y la desligitimación-desestabilización interna.

Aunque el parlamento y la opinión pública iraníes tienen un escaso o nulo impacto en el control de la pléyade de organismos que conforman el poder ejecutivo en Irán (compuesto por: Líder Supremo, Presidente y gobierno, Consejo de los Guardianes, Consejo de Seguridad Nacional, Consejo de Deliberación, Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní o IRGC, Fuerzas Armadas o Artesh), el callejón sin salida al que ha llevado el ala dura, ha provocado un público disenso en la cúpula iraní respecto al rumbo a tomar en el conflicto contra EE.UU..

La línea dura quiere mantener el pulso con EEUU y seguir con la guerra encubierta que había iniciado Soleimani para expulsarlos de Irak. Por su parte líder supremo Khatamí, dice que el ataque con misiles no es suficiente y que hacen falta acciones adicionales. Es posible que se refiera a nuevos ataques con misiles, que sean más contundentes que el de hace unos días y ejecutar acciones asimétricas que impongan un coste a los americanos que les obligue a retirarse de Irak.

No obstante, lo más probable es que se refiera solo a acciones asimétricas, pero no es descartable que Irán aplique ahora de manera inédita una versión más decisia de su doctrina de Defensa Adelantada (que contempla acciones preventivas ofensivas a nivel táctico, enmarcada en una estrategia defensiva tal y como es la cultura estratégica iraní)

Fue implementada tras las importantes reformas militares de hace unos años al tomar el general Bagheri el cargo de Jefe de Estado Mayor.

El general Bagheri, en el centro de la imagen, es el artífice de buena parte de las reformas del ejército iraní en los últimos años.

Finalmente, hay que decir que los ataques con cohetes contra bases de la Coalición y de EEUU, se han reducido considerablemente estos días, y es que aunque se siguen produciendo acciones menores, la tónica general respecto a antes de la muerte de Soleimani es un menor número y virulencia de los mismos.

División en la élite iraní.

Esta parálisis en las acciones irregulares, trasluce que ahora la estrategia iraní no está clara y que en Teherán se está deliberando y discutiendo qué hacer después de los ataques con misiles balísticos contra los americanos.

Por su parte, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Iraníes, el general Bagheri, ha declarado que si EEUU comete otro error, se enfrentará a nuevos ataques. El antiguo jefe de las IRGC, el general Razaee, dice que la República Islámica tiene los dedos en el gatillo. Dichas declaraciones indican que no son partidarios de ejecutar más ataques con misiles.

No obstante, es posible que se estén preparando para retomar e intensificar la campaña encubierta y asimétrica contra EEUU, tal y como indica en estos casos la doctrina de Defensa Adelantada.

El ministro de exteriores Zarif, afirmó que la venganza ha concluido, sugiriendo además que la expulsión de EEUU de Irak debería hacerse por medios no militares.

Lo anterior podría indicar que la línea más moderada, representada por el gobierno de Rohani, quiere retomar la estrategia de perfil bajo de sobrevivir a las sanciones, y esperar un cambio de presidencia en los EEUU en las elecciones de 2020, o quizás un cambio en la política en caso de ganar Trump, como cuando hizo dimitir a John Bolton.

El fracaso del acuerdo nuclear a ojos del ayatolá es un fuerte aliciente para apoyar al ala dura de los políticos iraníes.

Dado que Khamenei es el que inclina la balanza entre moderados y la línea dura, que declarara que el ataque con misiles no es suficiente, es muy probable que sea indicativo de que la balanza se inclinará más todavía del lado de la línea dura.

Ha de entenderse que el líder supremo Khamenei anteriormente se había posicionado del lado de los reformistas, al permitir que se firmara el acuerdo nuclear. Sin embargo, el rechazo de Washington al acuerdo nuclear y el inicio de campaña de máxima presión, indujo a que se reposicionara del lado de la linea dura y Soleimani, con quien además mantenía una estrecha relación de amistad.

Haber confiado en los americanos y los reformistas para que el nuevo presidente Donald J. Trump rompiera el acuerdo, le puso en evidencia ante las personalidades de la línea dura que le decían que pactar era un error.

Además, la muerte de Soleimani ha causado un impacto personal en Khemenei, por lo que la declaración de que el ataque con misiles balísticos no es suficiente, apuntaría a que dará vía libre a una intensificación de la campaña contra en Irak, aunque solo sea de modo asimétrico.

Incertidumbre sobre la decisión.

La toma de decisiones en Irán es muy compleja e intervienen múltiples actores en el proceso deliberativo.

La cúpula está dividida entre los que no quieren abandonar la vía militar pero no hacer acciones adicionales (Razaee); los que quieren abandonar la vía militar (Zarif) y los que dicen que las actuales acciones militares no son suficientes y hay que intensifircarlas (Khamenei).

Las protestas en Irán debido a la mala situación económica; que podría empeorar por las nuevas sanciones, ejercen de contrapeso en la política interna de Irán.

Los conservadores y el ala dura desean ejecutar más acciones contra Estados Unidos, pero han de tener en cuenta los efectos de ulteriores sanciones americanas e incluso de contragolpes militares punitivos americanos, que afectarían muy negativamente a la economía iraní y a las revueltas que ello genera.

No obstante, el callejón sin salida al que había llegado la estrategia de Soleimani y la línea dura (que acabó en su muerte y sanciones económicas adicionales), ante el temor a desencadenar más inestabilidad interna y no doblegar la voluntad de EEUU, finalmente logre disuadir a la cúpula iraní de endurecer mucho más su política y sus ataques contra la Coalición en Irak.

Pero esa es una cuestión que aún está abierta.

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